sábado, 9 de abril de 2011

Hamlet, acto I escena III

REINA: - Querido Hamlet, arroja ese traje de luto, y miren tus ojos como a un amigo al rey de Dinamarca. No estés continuamente con los párpados abatidos, buscando en el polvo a tu noble padre. Ya sabes que ésta es la suerte común; todo cuanto vive debe morir, cruzando por la vida hacia la eternidad.

HAMLET: - Sí, señora, es la suerte común.

REINA: - Pues si lo es, ¿por qué parece que te afecta de un modo tan particular?

HAMLET: - "Parece", señora! ¡No; es! ¡Yo no sé parecer! ¡No es sólo mi negro manto, buena madre, ni el obligado traje de riguroso luto, ni los vaporosos suspiros de un aliento ahogado; no el raudal desbordante de los ojos, ni la expresión abatida del semblante, junto con todas las formas, modos y exteriorizaciones de dolor, lo que pueda indicar mi estado de ánimo! ¡Todo esto es realmente apariencia, pues son cosas que el hombre puede fingir; pero lo que dentro de mí siento sobrepuja a todas las exterioridades, que no vienen a ser sino atavíos y galas del dolor!.

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